27jul

No conviene dudar de los buenos

España perdió en su estreno en los Juegos Olímpicos. Lo hizo porque se vio encerrada en un laberinto de reveses desde el primer momento. Vaya por delante que la selección no jugó bien y que no supo manejar la clásica presión del estreno en cualquier competición. Es el peaje de la estrella en el pecho y de los distintos títulos cosechados por el resto de la cantera en sucesivos campeonatos. Y eso pesa pese a que se trate de una mochila invisible.
El partido frente a Japón. Tampoco malo. Simplemente España no acudió a la cita. Se quedó bloqueada ante el volumen de responsabilidad acumulado por la obligación de aspirar a una medalla, sobre todo al oro.

Los chavales pagaron muy caro el contacto con los Juegos. Estaban preñados de ansiedad y así se vio sobre el césped. España nunca tuvo el control del partido y jamás encontró la formula para superar el ordenado entramado defensivo que propuso Japón con una presión asfixiante. La ansiedad es una mala compañera de viaje. Para colmo, la expulsión de Iñigo Martínez, con una rigurosa cartulina roja, acabó por destrozar todo el plan inicial.
Lo bueno para la selección olímpica es que no se puede hacer peor. Sería casi imposible. Y que tiene dos partidos más para enderezar el rumbo. El primero ante Honduras y el último ante Marruecos.

Un escenario que recuerda al arranque de España en el Mundial de Sudáfrica cuando cayó ante Suiza por idéntico resultado y parecía que se acababa el mundo. La olímpica sabe hacerlo mejor y tiene excelentes futbolistas. Por eso, no conviene dudar de los buenos. Al contrario. Hay que intentar que sea impermeable a todo lo nocivo que se puede mover a su alrededor.

Ante Japón jugó el siguiente once: De Gea; Montoya, Dominguez, Iñigo Martínez, Jordi Alba; Koke (Tello), Javi Martínez; Mata, Isco (Oriol Romeu), Rodrigo; y Adrián (Ander Herrera).

Foto © Carmelo Rubio

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