Un aviso para el futuro
Finalizada la participación de la selección olímpica es el momento de hacer balance. Tres partidos. Dos derrotas. Un empate. Cero triunfos. Cero goles a favor y dos en contra. Los números se califican por sí mismos. Son negativos, pobres e injustificables. De acuerdo que los números son interpretables de mil maneras.
No se pone en duda la calidad y la capacidad de los jugadores que han peleado por una medalla. Al contrario, hay que creer en ellos. Pero la realidad ha sido tozuda. España, la estrella, el campeón del Mundo y de Europa… es vulnerable. Los chavales que han competido en los Juegos son un sucedáneo de la selección absoluta, pero representan el futuro del fútbol español. La derrota no es un síntoma de debilidad sino un aviso.
Se compite como se entrena. No se subsiste con el grabado del pecho. Se puede debatir mucho sobre los aspectos que han cosido la derrota, incluidas las correspondientes dosis de victimismo amparado en el tópico de la mala suerte. Esta lección debe servir para los próximos compromisos de la selección en sus distintas categorías. España tiene excelentes futbolistas y cuenta con excelentes generaciones que vienen empujando para echar abajo la puerta del vestuario de la absoluta. Tan real como que la debacle de los Juegos debe servir de modelo de reflexión sobre lo que puede acontecer si no se toman las medidas oportunas.
Todo el mundo quiere ganar a la campeona del Mundo y de Europa y los rivales dan el máximo, un hecho que solo se puede contrarrestar dando el máximo. Tan simple como sencillo.





